La virtud está en la lucha, no en la recompensa

Encontrar a Dios en el camino suele ser un verdadero desafío, pero cuando lo lograr la gratificación no puede ser mayor.

El día de hoy en este blog me gustaría contarles sobre cómo podemos ir encontrando a Dios en nuestro camino desarrollando las virtudes necesarias para alcanzar la santidad.

Cuando hablamos de que la virtud está en la lucha y no en la recompensa, nos referimos a que cuando tomamos la decisión de seguir el camino de Dios, siempre encontraremos obstáculos que  nos invitaran a claudicar por medio del miedo, las distracciones, las tentaciones e incluso en ocasiones las personas que nos rodean pueden sugerirnos volver a antiguos caminos y eso no quiere decir que las personas sean malas, sino que simplemente les falta fe para seguir el  mismo que nosotros.

Pero ¿Porqué si Dios quiere que todos nos salvemos y lleguemos al cielo permite esas tentaciones que en ocasiones pueden ser muy grandes de resolver o difíciles de negarse?

Pues la respuesta es que Dios nos permite tener estas tentaciones precisamente por que quiere que nuestra alma responda a su llamado con mayor determinación, que demostremos valentía fortaleza, verdadero amor a Él, debemos tomar en cuenta que todas estas piedras en el camino nos ayudan a crecer, a madurar y también a discernir entre lo que queremos y lo que Dios espera de nosotros.

Es importante también tomar en cuenta que las pruebas no solo vienen del exterior, ya que nuestra misma debilidad humana permite que seamos atacados por nuestros pensamientos y sentimientos, que nos sintamos inseguras de seguir en el camino y que dudemos.

Si lo vemos desde este punto de vista parecería prácticamente imposible alcanzar la santidad, pero debemos recordar que tenemos un recurso maravilloso que nunca nos abandona, una herramienta poderosa que podemos utilizar en cualquier lugar y en cualquier momento y esa herramienta es “ La oración” y aquí es importante hacer una distinción que en ocasiones nos puede confundir un poco. ¿Cuál es la diferencia entre rezar y orar?. Pues bien rezar se refiere a realizar de forma verbal o mental todas esas oraciones que ya han sido escritas, tales como rezos a santos, ofrecimientos de obras, jaculatorias, coronillas, etc. y orar se refiere a esa plática fraterna y amorosa que tenemos con Dios y la cual nos sirve para iluminarnos y llenarnos del Espíritu Santo, es por medio de la oración que nosotros logramos una comunicación plena con Dios, es nuestro teléfono directo y es durante la oración que podemos entender mejor las situaciones que suceden en nuestra vida y que posiblemente nos estén afectando.

Por otro lado  podemos recurrir a personas que puedan llevarnos una charla fraterna que  nos dirijan hacia el camino de Dios, podemos solicitar la dirección espiritual por parte de algún sacerdote, comprendiendo muy bien que el llamado viene de Dios y que debemos tener el corazón dispuesto para recibirlo.

En este sentido debemos ser conscientes que aquel que nos ha dado la vocación también nos dará los medios para seguirla, ya que no debemos concentrarnos en nuestra persona y en nuestras debilidades sino entender que en el camino Dios nos da la fuerza para seguir avanzando y entre más cerca nos encontremos, pues más empinado es el camino.

¿Qué podemos esperar cuando decidimos abrir nuestro corazón y nuestra alma y decirle que sí a Dios?

Dios se encarga de limpiar el alma de los que le aman.

  • Es decir en esta etapa Dios se toma muy enserio su papel de padre y nos va mostrando que es lo que debemos mejorar, lo que debemos erradicar y lo que debemos trabajar con más ahínco para perfeccionar. Es en este periodo que nos damos cuenta del apego que tenemos hacia algunas cosas o personas que no aportan a nuestra santificación, y Dios nos dice que debemos comenzar a cambiar esos vicios o esas compañías, esto no es fácil pues nuestros apetitos suelen estar tan arraigados que nos causa conflicto tener que controlarlos y esto lo logramos por medio de  la fortaleza,  que consiste en dar ese paso de confianza y que en cada paso nos desprendemos más de nosotros mismos y de las cosas de la tierra y nos acercamos más al cielo, es aquí que comienza nuestro proceso de purificación

La confianza en Dios debe ser absoluta.

  • Por naturaleza tendemos a resistirnos a aquellas situaciones que nos requieren un esfuerzo extra y aunque sabemos por fe que Dios nos acompaña, nuestra alma no está lo suficientemente dispuesta a seguir los planes de Dios. Podemos ver el ejemplo del profeta Jonas, quien después de escuchar la voz de Dios y saber lo que le pedía, Jonas decide hacer otra cosa distinta, decide huir  y termina en el mar comido y escupido por un pez y fue hasta entonces que Jonas se dio cuenta que obedecía u obedecía no había más opción y al final cuando profetiza contra Nínive y Dios decide perdonar al pueblo, Jonas se siente decepcionado al punto de querer morir, pero aquí Dios le dice algo muy importante:  “El Señor le dijo: -Tú sientes compasión de una planta de ricino que tú no has hecho crecer, que en una noche brotó y en una noche se secó, ¿ y no voy yo a tener compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que aún no distinguen entre el bien y el mal, y una gran cantidad de animales?- (Jonás 4,10-11) esto nos dice que la misericordia de Dios es infinita y debemos confiar en esa misericordia para seguir el camino a la santidad.

Siempre seguir avanzando sin detenerse.

  • Si ya empezamos el camino de la santificación y nos caemos pues nos levantamos, nos sacudimos y volvemos a andar el camino, debemos tomar en cuenta que nuestro objetivo es que el alma ame tanto a Dios que simplemente ya no pueda separarse de Él. Lograr que nuestro proceso de purificación sea tan fuerte que nos invite a dar pasos valientes, decididos y capaces de soportar las amenazas y sufrimientos que pueden sobrevenirnos para no separarnos de nuestro camino interior.

Si damos estos pasos tomados de la mano de Jesús y de Maria, será imposible que Dios nos niegue la fortaleza que necesitamos para seguirlo y entonces creceremos en la virtudes.